jueves, 18 de septiembre de 2008

Borges te vio

Y se encontraron en Santa Fe y Callao, ella esperaba con la cabeza gacha en la esquina, mirando su vestidito rojo, pensando en el que va a pasar.
El llegaba como siempre tarde, tranquilo, caminando, mirando las luces y las vidrieras de Callao. Habían acordado esas calles pero no una esquina precisa, sin embargo él sabia en cual de ellas ella se iba a situar. Así que dio un rodeo, total llegaba tarde, y se coloco en un lugar donde ella no lo pudiera ver. La contemplo unos minutos mientras pensaba, ella, esa mujer hermosa, espera, y me espera a mí.
Vio que ella sacaba su celular y miraba la hora. Fue entonces cuando el tomo el suyo y escribió: “Estas hermosa, ese vestido rojo te queda tan bien, que te lo sacaría en esa misma esquina”.
Vio que el mensaje había llegado y cruzo Callao, ella leyó y levanto la mirada al instante, en sus ojos había furia y en la cara de el una sonrisa.
Uno frente al otro pensaron en besarse, pero aun era tiempo en que los sentimientos se dimen, así que solo atinaron a decirse un tímido: Hola.
Caminaron despacio uno junto al otro en silencio, hacia el rumbo que ya conocían. El le ofreció su brazo y ella lo tomo al instante pegándose a su cuerpo. A mitad de cuadra el freno, se miraron unos segundos y la beso, ella tomo su espada con firmeza y él la beso fuertemente. Se miraron, sonrieron y él dijo:
Ahora si, hola.
Hola, respondió ella y sus ojos brillaron.
Siguieron caminando, pero de preguntarles a ellos seguramente hubieran respondido que flotaban.
Doblaron la esquina y llegaron al restorant elegido, vieron que tenían que esperar, tal vez no mucho, pero el ingreso no era inmediato.
Charlaron de sus días, del clima, de lo que vendría al instante, él la elogio, ella siguió sonriendo. Poco a poco el lugar les fue siendo ajeno, la calle, las personas, la ciudad misma.
Que fue lo que ella un minuto antes de que los llamaran a entrar pensó, que fue lo que unos segundos después de ver el brillo en los ojos de ella él sintió.
Nadie lo sabrá jamás, pero ellos saben que algo cambio.
Todo lo que giraba en torno a ellos apareció bruscamente, el ruido de la avenida, el freno de los colectivos, las charlas de los fumadores.
En ella desapareció el brillo, en el desapareció la sonrisa, y un silencio digno de amanecer los cubrió por completo.
Entraron al restorant, el aturdimiento de la calle, era insignificante con la atmosfera del lugar, calor, gente, olores, calor, mozos a las corridas, charlas a los gritos, mesas pegadas unas a otras.
Se sentaron en la mesa sin pronunciar palabra.
Un minuto y el silencio de ellos, luchaba a mano armada con el desorden general.
El mozo no llegaba y seguramente nunca iba a llegar, ella comenzó a jugar con unos crayones de colores, que había en una canastita al lado de la panera, poco a poco fue dibujando el mantel de papel, él en silencio la observaba. Ella levanto la vista, intento hablar, pero sus labios se encontraban sellados, inexistentes.
Él busco con la mirada por unos segundos al mozo que nunca lo miro, agacho la vista vencido, perdiéndose en el mantel de papel blanco.
Ella tomo otro crayón de color y se lo aproximo, pero al soltarlo, un pensamiento fugaz se le presento.
"El nunca seria el hombre que esperaba. Nunca dibujaría una casa, un árbol, autito y familia sonriente".
Él vio el crayón de su lado, lo tomo despacio con sus dedos, levanto la vista para intentar sonreír, pero se perdió en la mirada de ella, oscura, silenciosa, perdida, lejana.
Todo había cambiado entre ellos dos.
El mantel en blanco.
Las miradas en negro.
Las palabras muertas por completo.
El ruido ensordecedor.
El crayón pasó por sus dedos, y él escribió.
Una queja.
Un dolor.
"¿Que fue con los intentos de novelas de Borges?"





.dego

Aires

... se que no estas conectada... pero no se cuando yo lo voy a estar... ayer salí camine por Bolívar hacia la Plaza de Mayo, en el tramo del Colegio Nacional Buenos Aires camine por la calle. Hace unos años que ese tramo esta cortado al transito, te cuento esto por que vos seguro no lo sabes, una cuadra mas allá se encuentra la plaza de mayo, eran aproximadamente las seis y veinte de la tarde, el microcentro se encuentra en ebullición gente que corre, gente que grita, gente que se la come la tierra, gente, mucha mucha mucha, y la Plaza de Mayo, y le Cabildo, y la Catedral y la Avenida de Mayo con tintes de verde intenso en los brotes de sus árboles, los brotes intensos que nadie de toda esa gente ve, aunque tal vez no sea tan así. Estaba en diagonal sur, en la que se encuentra el palacio legislativo de la ciudad, hay varias formas de cruzar, en realidad dos, pero yo porteño, siempre tengo que buscar alguna otra manera. Creo que estaba contento, por que cruce hacia la Plaza de Mayo y no hacia el Cabildo que es mas corto. En el lugar donde se juntan Bolívar, Diagonal Sur, e Hipólito Yrigoyen hay un descanso justo en el costado izquierdo del Cabildo. Últimamente en la ciudad hay muchos descansos para cruzar, son como plazoletas sin nada, solo cemento y algún semáforo, pintadas en sus cordones de amarillo para que algún “desprevenido” sepa que hasta allí se puede ir cuando no se puede cruzar. Este lugar es también en el cual nace la línea E de subtes. Yo quería ir hacia Florida así que tenía más de un camino para llegar. La gran mayoría de las veces cruzo al Cabildo, camino por debajo de su balcón, doblo en Avenida de Mayo, hago una cuadra hacia Florida que ya es peatonal, y paso por la esquina del London, lugar donde Cortazar escribió parte, y en donde comienza su novela “Los Premios”, bar que a mí me gusta mas allá de eso, por que tienen un desayuno impresionante y sector fumadores.Pero aun me encuentro en la plazoleta de cemento, ahora tengo luz verde, ¿hacia donde voy?, ¿hacia la Plaza de Mayo? ¿Hacia el Cabildo como siempre?, cruzo hacia el Cabildo pero no llego a la vereda, me quedo en la división de cemento que separa los dos carriles de la calle y comienzo a saltar de montículo en montículo en dirección a la Avenida de Mayo, después de atravesar todo el frente del Cabildo me quedan tres montículos mas y salto. Se acabaron los montículos. Me encuentro en el medio de la naciente Av. De mayo, los autos, los colectivos, los taxis la gente me pasa alrededor, levanto la cabeza veo de frente la Casa Rosada, recién pintada, giro, la Catedral, giro colectivo en la nariz, pasa, municipalidad, giro, toda la Av. de Mayo y allá a lo lejos el Congreso, y toda esa gente y todas esas vidas y toda esa energía. Todo muy lindo, pero ahora entiendo que mi integridad corre peligro, me prometo volver para fotografiar todo eso, miro hacia los lados y cruzo lo que queda de la avenida, obviamente mal y por donde no se debe. Bordeo la Municipalidad paseo por su puerta, donde un Patricio hace de estatua viviente, y ante mi se abre Diagonal Norte, lugar donde nace la línea D de subtes, tal vez la línea de subtes con mas pasajeros de la ciudad, allá a unas cuadras el inservible Obelisco me habla de la 9 de julio y Corrientes. Voy por Diagonal Norte y llego Florida, los vendedores ambulantes comienzan a tirar sus paños sobre el centro de la peatonal, el mundo de gente es intenso como seguramente lo fue durante todo el día.Encuentro los locales en liquidación, pienso comprarme unas camisas, pero ninguna es como la que tengo en la cabeza, creo que tendría que ir a Mancini, pero allá las liquidaciones no son como la de los locales que veo.Ya es de noche, veo la librería Distal, una de las librerías Distal y entro, comienzo a ver libros, las ultimas novedades, las viejas y unas ofertas de libros de Borges, ¿libros o camisas? Libros, y es hay donde recuerdo. “Memorias del Subsuelo”. Comienzo a ver los estantes por la “D”, y me pregunto por que nunca están ordenados, y me respondo; para que le tengas que preguntar al empleado. Ok entonces preguntemos.El empleado con rapidez encuentra el libro, en el estante de la ¿“R”? y me dice que va a buscarme otra edición al depósito.Comienzo a leer las primeras paginas, ¿acaso esto lo escribieron para mí?No termino de leer el primer párrafo que ya se que el libro lo voy a comprar. El empleado vuelve, trae la otra edición, la edición de Losada. Veo las dos y las comparo, aunque ya se con cual me voy a quedar, me dirijo al mostrador, y compro la edición de Losada, pido un señalador y salgo. Otra vez la peatonal, otra vez la gente, otra vez los vendedores, otra vez la noche y sus luces y sonidos.El libro y sus palabras me queman en la mano, tengo que seguir leyendo, pero cualquiera sabe que a esa hora y en ese momento caminar y leer en Florida es imposible, llego a la Av. Corrientes, ¿A dónde voy? ¿Qué opciones tengo?Subte, Richmond o El Gato negro, tengo muchas mas opciones, pero ahora son esas tres y no mas.El libro me quema, las palabras usurpan mi pensamiento, la opción más cercana es el Richmond y sus sillas sillones. Cruzo Corrientes a pocos metros esta el bar, entro, pido un café y leo. Todo lo demás es otra historia.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Tristango

Cuarta taza de café y a ordenar las cosas.
Mientras ordena su escritorio se pregunta que sentido tiene, si que los diez minutos de trabajo pasen velozmente o realmente darle un aire prolijo a la montaña de papeles.
Tong interno, seis p.m., los saludos de hasta mañana pueblan la atmósfera, afuera llueve y la maza retorna a los hogares.
Ella saluda, toma el portafolio y sale. El día se siente en sus hombros mientras desciende en el ascensor. Toda la tensión de la jornada laboral se concentra en si cuello que solo sirve para mantener la cabeza en su lugar, y que no sueñe con viajar.
-Chau José, hasta mañana-; y la puta madre me olvide el paraguas. Pocas ganas quedan de esperar que la lluvia cesé y charlar con esas personas con las cuales a tenido trato durante todo el día.
Dos cuadras hasta el subte, compitiendo por quien camina por debajo de los balcones.
Tengo que llegar al de las seis y diez, piensa; mientras esquiva baldosas flojas y paraguas de viejas petisas.
Uruguay; abajo, la humedad y el calor, gente, mas gente, mas, mas. Allá en la oscuridad del túnel se deslumbra la luz del subte de las seis y diez.
La maza lucha por bajar, la maza lucha por subir, por una de esas cuestiones que la físico-química no logra establecer, ambas fuerzas se traspasan y logran su cometido.
Se cierran las puertas y la homogénea humedad se dispone al viaje.
Ella por valla a saber que costumbre diario se relaja. Y planea el después de llegar.
Ahora me cambio y pongo la ropa a secar. Umm ¿lo llamo o no?, no mejor la llamo a Sil y comemos Chop Suey jajaja; no mejor sin vino blanco. Ir al super; pasar por el pago fácil; pedir turno; chequear mails; Uuh, hoy es la gala; tendría que terminar el informe. Si mejor, lo termino antes que llegue Sil, así mañana estoy mas tranquila.
Que bueno seria… mañana una peli. Si, pero el estupido este va a venir con que ya la vio y que el director tal, que el guión de esto y que se yo de lo otro. Me tendría que haber anotado en yoga, si no fuera por el idiota de Fernández que me jodio la vida, estaría camino allá relajándome. Y seguro que más de un día llegaría mejor a casa.
Fin de recorrido.
Los pasajeros deben descender de los vagones.
A la derecha la gente baja, a la izquierda la gente sube; si fuera de esa forma en otros ámbitos de la vida.
Sube las escaleras deseando ir algún día al gym.
Llueve todavía, el agua que parecía de otro mundo, de otra realidad, también ocupa este espacio. La gente espera contra las paredes de las esquinas que el semáforo cambie.
Que paralelas se vuelven las realidades cuando la lluvia se hace presente, durante su ausencia todos se comportan de manera valiente, intrépida, usando los cordones de la vereda de trampolín, esperando el mínimo cambio de semáforo.
Y cambio el semáforo.
Cuatro cuadras y la tranquilidad final, en paz rumbo al comienzo de esa etapa del día que tanto placer le da.
Cada vez llueve mas, empapada se decide a cuidar el maletín y disfrutar de la lluvia. Cierra los ojos y el agua fresca baña su rostro.
Años hacia que no sentía esa sensación, ese bienestar. Años, algunos.
Cuando había viajado con Sergio al campo a descansar unos días, que locura aquella, dejar todo y relajarse en la nada.
Habían sido días felices en los que una caricia era un mundo y las sonrisas estaban a flor de piel. Una tormenta los había sorprendido mientras volvían de la despensa del pueblo, ni un solo árbol a kilómetros y aunque no se encontraban lejos de la casa poco sentido tenia correr, el sentido era disfrutar, disfrutarse.
Todo era tan calido en esos días.
Todo se disfrutaba de una manera tan especial, las cosas y los hechos se convertían en trivialidades frente a los sentimientos. No pretendía seguridades.

Ahora.
Su pierna se suelta al vació, siente como el agua entra en su pie, la otra pierna se impulsa hacia delante trastabillando, mientras abre sus ojos ve el maletín volar, y allá a media cuadra su hogar.
Aquí en la calle se escuchan los neumáticos de un auto chillar.



dego

Corección Noe

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Desequilibrio Mental

Bueno comienza aquí el Desequilibrio Mental,
en un intento de escapar del flog y para tomarnos un poco mas de tiempo, sin tanto piripipi.
Así como nacio el flick para las fotos, nace este blog para los textos.

Un beso a todos y no se olviden de Rockear.