Cuarta taza de café y a ordenar las cosas.
Mientras ordena su escritorio se pregunta que sentido tiene, si que los diez minutos de trabajo pasen velozmente o realmente darle un aire prolijo a la montaña de papeles.
Tong interno, seis p.m., los saludos de hasta mañana pueblan la atmósfera, afuera llueve y la maza retorna a los hogares.
Ella saluda, toma el portafolio y sale. El día se siente en sus hombros mientras desciende en el ascensor. Toda la tensión de la jornada laboral se concentra en si cuello que solo sirve para mantener la cabeza en su lugar, y que no sueñe con viajar.
-Chau José, hasta mañana-; y la puta madre me olvide el paraguas. Pocas ganas quedan de esperar que la lluvia cesé y charlar con esas personas con las cuales a tenido trato durante todo el día.
Dos cuadras hasta el subte, compitiendo por quien camina por debajo de los balcones.
Tengo que llegar al de las seis y diez, piensa; mientras esquiva baldosas flojas y paraguas de viejas petisas.
Uruguay; abajo, la humedad y el calor, gente, mas gente, mas, mas. Allá en la oscuridad del túnel se deslumbra la luz del subte de las seis y diez.
La maza lucha por bajar, la maza lucha por subir, por una de esas cuestiones que la físico-química no logra establecer, ambas fuerzas se traspasan y logran su cometido.
Se cierran las puertas y la homogénea humedad se dispone al viaje.
Ella por valla a saber que costumbre diario se relaja. Y planea el después de llegar.
Ahora me cambio y pongo la ropa a secar. Umm ¿lo llamo o no?, no mejor la llamo a Sil y comemos Chop Suey jajaja; no mejor sin vino blanco. Ir al super; pasar por el pago fácil; pedir turno; chequear mails; Uuh, hoy es la gala; tendría que terminar el informe. Si mejor, lo termino antes que llegue Sil, así mañana estoy mas tranquila.
Que bueno seria… mañana una peli. Si, pero el estupido este va a venir con que ya la vio y que el director tal, que el guión de esto y que se yo de lo otro. Me tendría que haber anotado en yoga, si no fuera por el idiota de Fernández que me jodio la vida, estaría camino allá relajándome. Y seguro que más de un día llegaría mejor a casa.
Fin de recorrido.
Los pasajeros deben descender de los vagones.
A la derecha la gente baja, a la izquierda la gente sube; si fuera de esa forma en otros ámbitos de la vida.
Sube las escaleras deseando ir algún día al gym.
Llueve todavía, el agua que parecía de otro mundo, de otra realidad, también ocupa este espacio. La gente espera contra las paredes de las esquinas que el semáforo cambie.
Que paralelas se vuelven las realidades cuando la lluvia se hace presente, durante su ausencia todos se comportan de manera valiente, intrépida, usando los cordones de la vereda de trampolín, esperando el mínimo cambio de semáforo.
Y cambio el semáforo.
Cuatro cuadras y la tranquilidad final, en paz rumbo al comienzo de esa etapa del día que tanto placer le da.
Cada vez llueve mas, empapada se decide a cuidar el maletín y disfrutar de la lluvia. Cierra los ojos y el agua fresca baña su rostro.
Años hacia que no sentía esa sensación, ese bienestar. Años, algunos.
Cuando había viajado con Sergio al campo a descansar unos días, que locura aquella, dejar todo y relajarse en la nada.
Habían sido días felices en los que una caricia era un mundo y las sonrisas estaban a flor de piel. Una tormenta los había sorprendido mientras volvían de la despensa del pueblo, ni un solo árbol a kilómetros y aunque no se encontraban lejos de la casa poco sentido tenia correr, el sentido era disfrutar, disfrutarse.
Todo era tan calido en esos días.
Todo se disfrutaba de una manera tan especial, las cosas y los hechos se convertían en trivialidades frente a los sentimientos. No pretendía seguridades.
Ahora.
Su pierna se suelta al vació, siente como el agua entra en su pie, la otra pierna se impulsa hacia delante trastabillando, mientras abre sus ojos ve el maletín volar, y allá a media cuadra su hogar.
Aquí en la calle se escuchan los neumáticos de un auto chillar.
dego
Corección Noe
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